Posts Tagged "La muerte"

Olor

Posted by on May 25, 2016 in Blog, Entradas | 0 comments

Olor

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Escalofrío

Posted by on Feb 18, 2016 in Blog, Entradas | 0 comments

Escalofrío

Estaba echado en el sofá justo después de comer, solo en casa. Sin estar dormido ni despierto, sentí el escalofrío aterrador de la muerte; la conciencia exquisitamente diáfana del no existir, la desaparición de mi mundo, el único que conozco a pesar de la eternidad teórica que nadie conocerá Escalofrío

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Sutileza

Posted by on Ene 18, 2016 in Blog, Entradas | 0 comments

Sutileza

A veces idealizamos el pasado como época de plena felicidad, con todo el reguero de olvidos que eso implica de unos años de pubertad, adolescencia o juventud que suelen ser caldo de frustraciones, complejos y ansiedades a las que desde la distancia ya no damos importancia.   Sutileza

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Guay

Posted by on Sep 4, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Guay

La iglesia de San Bernardo estaba a rebosar. Hacía tantos años que no iba, desde los tiempos en que vivía mi abuela, que la imaginaba más recogida. Allí estaba ya mi padre, mis hermanas e Iván que, inquieto, me preguntaba en susurros incontenibles cada cinco minutos cuánto faltaba para terminar la misa. -¿No conociste a mi tía Cuqui? Iván negó con la cabeza y eso me dio una idea del tiempo pasado sin verla. -Ella era una tía ‘guay’ -le expliqué-. ¿Sabes cómo puedes comprobarlo? Él me miró con la cara con la que miran los chavales que se adentran en terrenos desconocidos, yo observé los grandes ángeles sosteniendo los candelabros y entendí que, a su edad, estos escenarios impresionan; más aún cuando ya no viven en una generación de misa los domingos y fiestas de guardar, sino en una sociedad desacralizada, afortunadamente, que abandonó a la iglesia hace ya muchos años. El cura habló de mi tía como una mujer de fé, y yo miré a mi hermana Mónica, que me cruzó una mirada de asombro. Cuqui era una mujer de corazón y uniforme blanco, siempre resuelta entre los pasillos del Virgen del Rocío echando un cable, y una sonrisa de tranquilidad, y caricias, a cualquiera de los que tuvimos que pasar alguna vez por sus habitaciones o quirófanos. Era una mujer curranta y divertida, de la que recuerdo su risa hueca, los enormes vasos de coca-cola y su noviazgo con mi tío Pepe. Cuqui, para mí, era una imagen dulce de mi adolescencia. -En esta iglesia hay cientos de personas, eso demuestra que muchísima gente la quería. Que era una mujer ‘guay’. -Si se muere un ‘esaborío’ no viene nadie, ¿verdad? -Confirmó Iván con media sonrisa. -Muy poca gente. A poco de jubilarse los dos y sin previo aviso, mi tío Pepe se queda a solas con sus tres hijos veinteañeros y el rictus roto de la incomprensión. Allí nos abrazamos primos, tíos y amistades de mi época adolescente enfrentando un sinsentido más. Me abracé a sus hijos por la necesidad de hacerlo, de transmitirles mi dolor más sincero y mi solidaridad más pura. Perder a una madre es atravesar un río muy caudaloso que para siempre queda atrás. -¿Sabes lo que es un pésame? -Le pregunté a Iván.  ...

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Calabacines

Posted by on Feb 19, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Calabacines

En los últimos meses de la enfermedad mortal de mi madre, un verano tristísimo, a los dos hijos varones nos distribuyeron entre familias amigas en casas de veraneo en La Antilla mientras ella luchaba a la desesperada contra los peores vaticinios en hospitales de Madrid. A mí, perdido en mi dolor adolescente, me enviaron a casa de Amparo, Luis y sus tres hijos. El trato fue impecable, cariñoso, al tiempo que despistado, por no saber cómo enfrentar una situación tan delicada en un chaval noqueado. Yo me metí en mí mismo en esos días fatídicos, encerrado en una habitación que colindaba con la de la interna, una joven alta de pelo negro muy rizado que trataba de animarme a salir a la playa y jugar con los amigos. Unos días antes de escaparme y tomar un autobús hasta Madrid, esta chica se me acercó mientras se preparaba la mesa para el almuerzo. Me dijo que estaban haciendo una crema de calabacines con nata y me preguntó si me gustaba. -A mí puedes decírmelo sin problemas, y te preparo otra cosa sin que nadie se dé cuenta… Le confesé que no, sin haberlo siquiera probado y ella me guiñó un ojo. A la hora de la comida, Amparo se vino a la mesa de los niños y me plantó el plato de crema por delante. -¿Cómo que no te gusta esto? Estás muy delgado, Borete, y esto tiene muchas vitaminas. Me tragué la crema con el dolor horrible de haber conocido por primera vez el significado de la palabra traición....

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