Posts Tagged "Fran"

Melilla

Posted by on Ago 13, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Melilla

Cruzábamos desde nuestra casa hasta el centro de Conil hace muchos años, con Mariángeles y su por entonces pareja, Agustín, que se quedaban a pasar unos días con nosotros. Acortamos por la estrecha y destartalada calle Ceuta en esa noche veraniega, buscando la plaza del Arco. Justo al terminar la calle perpendicular que enlazaba con la de Ceuta nos encontramos con un azulejo roto por la mitad que indicaba su nombre, del que sólo podíamos leer ‘…illa’. Agustín, siempre en su mundo, se preguntó en voz alta cuál sería el nombre completo. Mariángeles se plantó en seco con los brazos en jarra -quien la conoce puede imaginarlo bien- para gritarle: -¡Melilla, Agus! ¡Melilla! No ves que acabamos de dejar atrás la calle Ceuta. Días después, volviendo de la playa por un camino distinto al habitual, nos apercibimos del azulejo colocado al otro extremos de la calle ¡Zorrilla! No hicieron falta más que carcajadas. Algo que me repito cada vez que me aventuro por la calle Ceuta es que no hay que dar nada por supuesto....

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Patría

Posted by on Ene 16, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Patría

Hay un restaurante al que me unen los buenos recuerdos, como tantos otros, que me resultaría imposible encontrar a la primera. Escondido entre las colinas de una pedanía de Vejer, un joven matrimonio danés lo montó hace unos años tras comprar una casa de campo que remodelaron para convertirla en un rincón calentito en pleno invierno, resguardado del levante, con grandes cristaleras, cuando sopla fuerte, desde el que se puede otear el Atlántico, y Conil, como si nadie más en el mundo existiera. Llegamos el pasado sábado tras varios intentos, se ve que la familia vuelve a Copenhague por navidad, y nos adentramos por las carreteras secundarias en plena noche hasta dar con él. Iba conduciendo tan relajado y en mi mundo, siguiendo las instrucciones de Fran, que cuando apareció un perro gordote por mitad de la calzada, entre la niebla, creí ver un pato caminando por ese paisaje idílico. -¡Baja de la nube, Borete! La carta del restaurante es escasísima, pero deliciosa. La dueña, rubia, alta y estilosa, con un español más que aceptable y sonrisa perenne, y auténtica, nos atendió como siempre, con dulzura. Terminamos con unos quesos y un vino de Ronda recreándonos en la delicia de los lugares mágicos. Ya de vuelta, de copiloto obligado por el alcohol, la niebla se había hecho aún más intensa. Yo recordaba mi primer viaje a Dinamarca e imaginaba sus vientos racheados de duro invierno cuando, de golpe, se nos cruzó un galgo. -Mira, Borete, ¡un cisne!   Blog...

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