Posts Tagged "Enfermedad"

Pena

Posted by on Dic 29, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Pena

Intento aplicarme una máxima: nunca des por supuesto el estado de ánimo en el otro. Lo hago porque, incluso en quien menos te imaginas, pueden circular las mayores tragedias personales ocultas tras una sonrisa o un semblante neutro. Tragedias que pueden… Pena

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Calabacines

Posted by on Feb 19, 2015 in Blog, Entradas | 0 comments

Calabacines

En los últimos meses de la enfermedad mortal de mi madre, un verano tristísimo, a los dos hijos varones nos distribuyeron entre familias amigas en casas de veraneo en La Antilla mientras ella luchaba a la desesperada contra los peores vaticinios en hospitales de Madrid. A mí, perdido en mi dolor adolescente, me enviaron a casa de Amparo, Luis y sus tres hijos. El trato fue impecable, cariñoso, al tiempo que despistado, por no saber cómo enfrentar una situación tan delicada en un chaval noqueado. Yo me metí en mí mismo en esos días fatídicos, encerrado en una habitación que colindaba con la de la interna, una joven alta de pelo negro muy rizado que trataba de animarme a salir a la playa y jugar con los amigos. Unos días antes de escaparme y tomar un autobús hasta Madrid, esta chica se me acercó mientras se preparaba la mesa para el almuerzo. Me dijo que estaban haciendo una crema de calabacines con nata y me preguntó si me gustaba. -A mí puedes decírmelo sin problemas, y te preparo otra cosa sin que nadie se dé cuenta… Le confesé que no, sin haberlo siquiera probado y ella me guiñó un ojo. A la hora de la comida, Amparo se vino a la mesa de los niños y me plantó el plato de crema por delante. -¿Cómo que no te gusta esto? Estás muy delgado, Borete, y esto tiene muchas vitaminas. Me tragué la crema con el dolor horrible de haber conocido por primera vez el significado de la palabra traición....

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Madeleine

Posted by on Sep 23, 2012 in Blog, Entradas | 0 comments

Madeleine

Esta noche de principios de otoño he recibido un email de Kristian, un amigo francés del que hacía tiempo que no sabía nada. De carácter huraño y explosivo al mismo tiempo, gracias a él descubrí Nueva York en una época extraña de mi vida en que no sabía hacia dónde dirigirme. Pasé quince días con él en un pequeño apartamento de Harlem, el cual tomé como referencia para escribir mi novela Andrea no está loca. Persona compleja, Kristian es culto, golfo, vivaracho e insoportable a partes iguales. Tan pronto te abre su corazón como se mete en su agujero de incomunicación insolente. Perdí la esperanza de volver a saber de él tras intentar comunicarme durante años. Me gusta la gente difícil cuando creo que tienen buen corazón, aunque a éste no se le oigan los latidos desde fuera. Hijo de madre soltera, profesor de institutos marginales de las afueras de París y de muy pocos amigos, Kristian encontró en mí a una persona cercana que le acompañaba a sus conciertos de ópera, le aguantaba sus crisis de pareja y le contaba de sus historias familiares de su lejana, por entonces, Sevilla. En ese primer viaje a Manhattan apareció su madre, empleada de La Poste con crónicas bajas laborales por problemas psicológicos que le hacían pasar temporadas encerrada, a oscuras, en su habitación. Hay tanto de nuestro carácter formado por los condicionantes familiares que la aparición de su madre, Madeleine, me hizo comprender en parte ese carácter imprevisible de su hijo, sufriente cuidador de una madre que no tenía cura. El último día de mi estancia en Nueva York, paseando los tres, a ella, pequeñilla y anciana, se le antojó un bolso de rayas horizontales blancas y azules que hacía juego con su traje. Sin que se diera cuenta yo se lo compré en un descuido, para entregárselo más tarde justo al despedirme. Madeleine se emocionó más de lo que yo podía prever. Hace diez años de ese día. Hoy me escribe Kristian para decirme que, tras tres terribles años de demencia, su madre ha muerto. J’ai littéralement porté ma croix, mais je ne regrette rien et ne pouvais pas faire autrement, porté par une énergie et un amour infinis (He cargado mi cruz, literalmente, pero no me lamento de nada y no podía ser de otro modo, llevado por una energía y un amor infinitos). Me dice en su email que, ordenando todas las cosas de la madre para repartirlas entre las amigas, encontró el bolso de rayas blancas y azules, que ella utilizó a menudo desde ese día y que le hacía acordarse de mí. En mi novela creé un personaje, la tía Puri, recreando a Madeleine. En esa historia de ficción también el protagonista le regala un bolso a la tía Puri. También blanco y azul. He rebuscado en mi librería para encontrar esa escena final y me he emocionado. Tengo que responder a Kristian....

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Aprensión

Posted by on May 9, 2011 in Blog, Entradas | 0 comments

Aprensión

A pesar de que vivimos en el período más seguro a nivel médico en el mundo occidental, es tanta la información recibida y la fragilidad psicológica de nuestras defensas que, irremediablemente para una gran parte de la población, uno de los grandes males de nuestro tiempo es la aprensión. Escuchamos de tal vecino que le han extraído un trozo del intestino para hacerle una biopsia, que tal artista tiene una degeneración osea, que cierto político padece alzheimer, que nuestro primo tiene una cardiopatía con veinte años… que nos volvemos seres asustados ante lo que nos pueda llegar. Yo mismo he sido especialista en padecer los mismos síntomas que la última enfermedad que me haya impactado. Encuentro ganglios, moratones o crujidos de huesos donde no hay más que obsesión por pensar que soy el siguiente en caer. Sobre todo recuerdo esa época negra en mi adolescencia y juventud, pero aún hoy tiendo a magnificar cualquier dolor en el costado. Cuando las personas eran pasto de una medicina primitiva, invasiva y experimental seguro que ese abismo hacia el dolor no era tan profundo como lo es ahora. El no conocer penurias, epidemias o hambrunas nos hace ser más indefensos ante la fragilidad innata al cuerpo humano. Y es complejo el cerebro para hacerse entender con razonamientos estadísticos o científicos cuando éste se ha emperrado en traducir esa dificultad para tragar en un tumor en la laringe. Un poco como el temor a volar. Ya te pueden explicar con argumentos bien construidos que es más fácil que te toque el gordo de lotería que, cuando una turbulencia te sube el estómago a la garganta, comienzas a gritarte por dentro que por qué a ti. Si pensáramos que el final llegará cuando llegue y dedicásemos, los hipocondríacos, menos tiempo a inventar enfermedades, seguro que seríamos menos propensos a padecerlas y, sobre todo, a perder un tiempo más aprovechable en disfrutar de un cuerpo que, a día de hoy, está como un rey.  ...

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