Posts Tagged "Emociones"

Asumir

Posted by on Ene 25, 2016 in Blog, Entradas | 0 comments

Asumir

Asumir es un verbo que suena mal, pero aún chirría más en los oídos cuando se conjuga en la primera persona del singular, por cuanto nos lleva a enfrentar de cara la parte de la vida que nos desagrada y sobre la que no tenemos dominio.   Asumir

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Bálsamo

Posted by on Nov 19, 2012 in Blog, Entradas | 0 comments

Bálsamo

A veces no creemos lo suficiente en la fuerza de las palabras. Convivimos con gente a la que apreciamos y pensamos que tienen la cabeza tan sólo en su mundo, viviendo al ritmo endiablado de nuestros días sin imaginar que una palabra de cariño, mezclada hábilmente entre otras tantas, puede tener un efecto brutal. Lo practico a menudo y da muy buenos resultados. Le dices a tu pareja qué bien le queda una camisa o unos pantalones y, aunque se ría quitando importancia, acabarás viéndo cómo se pone esa camisa o pantalones muchos más días de lo que tendría pensado. Si, de pronto, te gusta como una persona pronuncia una palabra, ¡díselo! Puede parecer una tontería, pero seguro que cuando utilice esa palabra se acordará de ti y le producirá un cierto cosquilleo algún día recordar que se lo dijiste. Se me viene a la mente mi época universitaria, cuando Mariángeles un día me dijo que le encantaba observarme estudiar por mi capacidad de embobarme delante de un libro. Yo me reí, pero esa frase quedó grabada a fuego y, a veces, cuando estoy con mi mesa llena de papeles me acuerdo de ella y me sonrojo. Ver con ojos alegres y buscar el punto de luz en los otros como gimnasia para hacer remover los mecanismos que consiguen reconocerse a uno mismo como alguien de interés es una práctica sanísima, aunque sea por la forma de pronunciar la letra ‘ese’, por la manera de bizquear o de colocar los labios a la hora de soplar la sopa caliente. Tengo amigos que son especialmente secos, pero recuperables, a los que intento encontrar el punto de ingenuidad, frivolidad o humor tonto para hacerles ver que pueden ser graciosos. Si alguien a quien quieres tiene un complejo de gordura tienes tres opciones: recordárselo, evitar el tema o animarle con comentarios que no tienen por qué ser siempre sinceros. A un amigo al que se le va la vida haciendo dietas, haz por decirle como quien no quiere la cosa que lo ves más delgado, aunque ni siquiera te hayas fijado en su tipo. Lo integrará, aún refunfuñando, en su batalla eterna contra sus complejos. Lo más complicado es saber introducir ese piropo sin que se note, convirtiéndose así en un guiño camuflado, como los anuncios prohibidos en que se metían fotogramas de coca-cola, invisibles al ojo humano, para hacerte sentir la necesidad de beberla. Ves el punto a resaltar, lo introduces en cualquier conversación o situación en que no venga a cuento y te dedicas a disfrutar pensando en el bálsamo que esa palabra seguro ha producido. (Es una estrategia para hacerte querer)...

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Madeleine

Posted by on Sep 23, 2012 in Blog, Entradas | 0 comments

Madeleine

Esta noche de principios de otoño he recibido un email de Kristian, un amigo francés del que hacía tiempo que no sabía nada. De carácter huraño y explosivo al mismo tiempo, gracias a él descubrí Nueva York en una época extraña de mi vida en que no sabía hacia dónde dirigirme. Pasé quince días con él en un pequeño apartamento de Harlem, el cual tomé como referencia para escribir mi novela Andrea no está loca. Persona compleja, Kristian es culto, golfo, vivaracho e insoportable a partes iguales. Tan pronto te abre su corazón como se mete en su agujero de incomunicación insolente. Perdí la esperanza de volver a saber de él tras intentar comunicarme durante años. Me gusta la gente difícil cuando creo que tienen buen corazón, aunque a éste no se le oigan los latidos desde fuera. Hijo de madre soltera, profesor de institutos marginales de las afueras de París y de muy pocos amigos, Kristian encontró en mí a una persona cercana que le acompañaba a sus conciertos de ópera, le aguantaba sus crisis de pareja y le contaba de sus historias familiares de su lejana, por entonces, Sevilla. En ese primer viaje a Manhattan apareció su madre, empleada de La Poste con crónicas bajas laborales por problemas psicológicos que le hacían pasar temporadas encerrada, a oscuras, en su habitación. Hay tanto de nuestro carácter formado por los condicionantes familiares que la aparición de su madre, Madeleine, me hizo comprender en parte ese carácter imprevisible de su hijo, sufriente cuidador de una madre que no tenía cura. El último día de mi estancia en Nueva York, paseando los tres, a ella, pequeñilla y anciana, se le antojó un bolso de rayas horizontales blancas y azules que hacía juego con su traje. Sin que se diera cuenta yo se lo compré en un descuido, para entregárselo más tarde justo al despedirme. Madeleine se emocionó más de lo que yo podía prever. Hace diez años de ese día. Hoy me escribe Kristian para decirme que, tras tres terribles años de demencia, su madre ha muerto. J’ai littéralement porté ma croix, mais je ne regrette rien et ne pouvais pas faire autrement, porté par une énergie et un amour infinis (He cargado mi cruz, literalmente, pero no me lamento de nada y no podía ser de otro modo, llevado por una energía y un amor infinitos). Me dice en su email que, ordenando todas las cosas de la madre para repartirlas entre las amigas, encontró el bolso de rayas blancas y azules, que ella utilizó a menudo desde ese día y que le hacía acordarse de mí. En mi novela creé un personaje, la tía Puri, recreando a Madeleine. En esa historia de ficción también el protagonista le regala un bolso a la tía Puri. También blanco y azul. He rebuscado en mi librería para encontrar esa escena final y me he emocionado. Tengo que responder a Kristian....

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