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31 agosto, 2015Salvador_Navarro
A escasos cinco minutos de cumplir los 40, haciendo cola para entrar en un chiringuito de verano junto al Guadalquivir, le escribí un mensaje a mi hermana Raquel diciéndole que se me acababan para siempre mis treintaitantos… Ella me respondió de inmediato:’Los cuarentones somos mucho más interesantes’

Ayer cumplí unos felices cuarenta y ocho, y no vale decirse a uno mismo que se siente muy joven, que no los aparenta, que está en el mejor momento de su vida… porque la cuestión no es decirlo, sino saberlo. Saber que la existencia se disfruta más cuanto más se la conoce, siempre que uno sea coherente con sus principios y éstos sean sanos.

Hace pocos días leí un libro que me gustó mucho, de Milena Busquets, en que trazaba su madurez como una continua morriña por la joven hermosa que fue y los amores que tuvo.

Entiendo que la vida nunca puede ser un regocijo de los recuerdos, aunque estos formen parte sólida de nuestra felicidad de base.

Admiro a Saramago o al recientemente fallecido Oliver Sacks, que en sus últimos días sabían bendecir, desde su agnosticismo, su vida vivida y su presente al borde del precipicio de la muerte. No tenían necesidad de un dios para encontrarle sentido a su caminar.

Cuando uno cumple años, si ha vivido fiel a sí mismo, reconoce en su interior un corazón más duro, sí, pero mucho más sensible a lo que realmente importa.

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