Nudillos – Nunca sabrás quién fui

4 mayo, 2020Salvador_Navarro

—Si fuera un matón, te habría amenazado con algo más consistente, Dan.

—Ha sido el primer paso, tío. Me ha demostrado que hay mucho poder detrás. Esos expedientes implican una red de contactos muy fuerte, o mucho dinero para comprar información.

—¿Hay algo más que no me hayas contado?

—Se llama Jaime Martín.

Aunque Dan negó cualquier tipo de ocultismo, siempre quedaban puntos suspensivos en sus relatos y ‘ya te contarés’ que no terminaban de cerrarse. Le pedí pistas para hacerme con la forma de llegar a ese hombre y sólo pudo darme tres: una foto, cuatro letras escritas sobre sus nudillos y un falso acento andaluz.

—El tono sevillano era perfecto, Álex, pero metió un laísmo castellano imposible de pronunciar por un nativo andaluz. Sé, además, que él se percató de mi extrañeza.

Las letras tatuadas eran I, R, R y U, todas en mayúsculas.

Dan llevaba la camisa sudada, así que utilizó el argumento de una ducha para no aceptar una cena por el centro. Quedé en informarle de mi investigación, mientras él pagaba las copas con un billete de cien euros.

Al día siguiente me desayuné un tarro enorme de crispis de chocolate delante del ordenador.

IRRU era, según Google, un centro escocés de investigación social para empresas, algo que en sí ya me llamaba la atención, o bien una especie de secta familiar de Texas con un líder, Gary Luttrell, que organizaba encuentros titulados ‘Celebration of Life’.

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