Matisse – Nunca sabrás quién fui

27 junio, 2020Salvador_Navarro

No tardé dos minutos en valorar el privilegio de visitar el museo de la mano de Germán, el tiempo que tardó en explicarme las conferencias que había dado, la escultura de Heriberto Juárez que había donado o las cuarenta y tres veces que lo había recorrido de abajo arriba.

—Hoy va a ser la cuarenta y cuatro. Hermoso número, loco.

—¿Loco?

—Para un colombiano, todo amigo es un loco.

De espacios imponentes y líneas rectas, el MOMA se me ofrecía virgen a esas horas del almuerzo. Le pregunté por su cuadro preferido y él me tomó por la mano.

—Gallego loco preguntón —me dijo, entre risas.

Era un Matisse: La danza.

—He cambiado de lo abstracto a lo figurativo en cada visita para elegir mi cuadro favorito. De hecho, me sirven de guía para mis futuras adquisiciones. Ahora, a la vejez, estoy en el momento de color y líneas simples. ¡Fuera artificios! ¿No es eso la vida? Me encanta Matisse, Alejandro.

El cuadro, de grandes dimensiones, era todo azul y verde, con cinco bailarinas dibujadas con trazos simples marcados en negro.

—¿Sabes que este hombre pasó un invierno entero en tu ciudad?

—¿En qué ciudad?

—En Sevilla. Bueno, en tu ciudad de adopción.

Me entraron ganas de decirle que en mi ciudad de adopción tenía a la policía investigando mi apartamento desvalijado, pero la atmósfera no era propicia para romperla de cuajo.

—Vamos a ver los Pollock, Alejandro. Son mi debilidad.

(Pintura: La danza, de Matisse)

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