Doris Lessing – Nunca sabrás quién fui

24 abril, 2020Salvador_Navarro
Una tarde de invierno en que el fin de semana en la soledad de la casa de sus tíos lo atenazaba, Quini aprovechó una siesta de Dan frente a la tele para acercarse a la salita de Aurora.
 
—¿Ya se ha quedado dormido el rubio?
 
Quini asintió, sin disimular las ganas de hablar con ella.
 
—Anda, vente, que te hago un hueco en el sofá.
 
—¿Qué lees? —preguntó el niño, cohibido por la cercanía de Aurora.
 
—A una escritora británica, Doris Lessing.
 
Quini pidió con su mirada más explicaciones, como táctica involuntaria para coger aire.
 
—Es la historia de otra escritora, Anna, que cuenta su vida a través de cinco cuadernos. Es una persona muy interesante, que ha vivido en el África negra, que ha sufrido durante la Segunda Guerra Mundial, que se ha metido a política…
 
—¿Pero esa mujer existe? —se interesó el chaval, perdido entre tanta información.
 
—Imagino que no. Es una novela, Quini. Las novelas suelen ser historias inventadas.
 
—¿Entonces todo es mentira?
 
Aurora marcó la página, cerró el libro y se lo colocó sobre los muslos.
 
—¿Tú sabes que yo vengo de un pueblo como tú?
 
Quini negó con la cabeza.
 
—Yo vivía en Marchena, un pueblo de Sevilla precioso, agrícola. ¿Sabes lo que más recuerdo de mis años allí antes de casarme y venirme a Sevilla? —Quini meneó la cabeza—. Pues lo que más feliz me hacía era estar en mi habitación leyendo estas novelas que son todo mentira. Gracias a ellas conozco mucho más que mi pueblecito y he vivido muchas vidas que no son mías, que nunca habría conseguido vivir. A alguien que lee, nada le sorprende del todo. Tú me puedes contar cualquier cosa que quieras contarme, que yo la habré vivido en mis libros…
 
Aurora hizo el silencio pertinente para darle paso a Quini.
 
—A mí no me gusta demasiado leer.
 
Ella colocó el libro sobre la mesa y se sentó de lado, para mirarlo de frente.
 
—¿Qué te pasa?
 
—Nada. —Quini hizo amago de levantarse, Aurora lo sentó sin fuerzas tomándolo por las rodillas.
 
—¿Pasa algo con Dan?
 
—No. Dan es mi único amigo. Y yo voy a cuidar siempre de él.
 
—¿Entonces?
 
—Me encantaría que usted me adoptase.
 
Aurora no supo reaccionar sino dando un abrazo al niño grandullón de pelo negro, que lo recibió como una estatua y la respiración acelerada.
 
—¡Qué bonito es lo que me dices, Quini! Pero tienes una familia, unos tíos que te quieren mucho y se preocupan por ti. Ahora te sientes más solo allí en el chalé de Bormujos, pero…
 
—¿Y si ellos me abandonan también?
 
—Si ellos te abandonasen, Quini, tú tienes aquí tu casa.

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