Días felices – Nunca sabrás quién fui

2 junio, 2020Salvador_Navarro

Fueron días felices.

Eleanor se prestaba al juego de preparar un encuentro con el presidente de la Fundación, los chavales asistían exaltados a los planes de viaje de su profesora y Patricia, hecha ya a la ciudad, no se perdía actividad cultural o cena entre compañeros que se plantease. Estaba viviendo la adolescencia con diez años de retraso, pero con la madurez que dan esos años para disfrutarla con consciencia. El mundo se abría ante ella y Quini sólo se aparecía en sueños para confirmarle su belleza de macho primigenio que daba como asignatura aprobada. Sexo como el de Quini no volvería. Ese arrojarse plenamente sobre otro para que hiciera con ella lo que quisiera, con toda la plenitud y frustración que aparejaba, lo daba por vivido. Había estado secuestrada por su capacidad animal de poseerla, había subido al cielo con él y la había hecho llorar como si nada tuviera sentido, magullada por el desprecio. Ahora, en la veintena, podía aún excitarse pensando en esa figura fugaz que la revolucionó para convertirla en la mujer todoterreno que se atravesaba cada día la calle Houston para ir a trabajar a miles de kilómetros del zulo en que Quini un día la encerró.

⎯Yo me hubiera quitado los pechos, si él me lo hubiera pedido ⎯le confesó, con dos vinos de más, a Eleanor.

 

(pintura de Nigel Van Wieck)

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