Columpio – Nunca sabrás quién fui

2 junio, 2020Salvador_Navarro

Desde su apartamento de Madrid, una Dolores nostálgica de su juventud echaba la vista atrás y sólo veía un atracón de felicidad en los años anteriores a la llegada de Patricia a Nueva York.

A Dolores le gustaba acompañar a su padre por las escuelas del Bronx, ayudarle con su áspero inglés académico a explicarse delante de estudiantes de teatro. Ella traducía como le venía en gana los discursos de Germán, para ganar el aplauso de los jóvenes de familias desestructuradas, fundamentalmente hispanos, a los consejos lentos pero impregnados de emoción de un hombre convencido de su penitencia en esas escuelas perdidas donde el mercadeo de crack era moneda de cambio habitual.

Esa época de traductora paterna sirvió a Dolores como trampolín para hacerse con una ciudad inabarcable. Acostumbrada a vivir agarrada a los pantalones de papá, el carácter altruista de éste la volvió sociable, curiosa, removió en ella todos los resortes para hacerse con amigos, fundamentalmente chavales, siempre de extracción social más baja y ávidos de triunfar. Sí, ella sentía el peso de su influencia para saberse deseada no sólo por su alegría colombiana, los pechos por desarrollar y la dentadura perfecta de risa contagiosa.

Fue fácil de intuir para ella que sería más sencillo adaptarse a otras pandillas que no a las élites blancas de la Regis School donde estudiaba. Su orgullo de adolescente obcecada en defender su piel morena jugó a favor de buscar otros territorios cuando la oportunidad de cruzarse con familias colombianas amigas de la suya se presentaba.

De la Regis sólo mantuvo como inseparable a Claire, más por insistencia de ésta en los primeros cursos que por interés de Dolores en acudir a las merendolas en su imponente apartamento de la Avenida de Ámsterdam.

Claire, tal vez enamorada en aquella época casi infantil de una chica tan gesticulona y racial, la defendía como si estuviese contratada para ello. Tanto era así que una tarde Dolores llegó a las oficinas de Germán, tras atravesarse Central Park a la carrera, para recriminarle el soborno.

⎯Pero, ¿cómo se te ocurre algo así, mi chavita? ¿Cómo piensas que tu padre va a comprarte los amigos?

⎯Porque no sabes qué hacer con tanta plata ⎯⎯le respondió, desconfiada.

@nuncasabrásquiénfui

Extractos desordenados de una novela que pronto estará en las librerías de toda España.

(pintura de James Coates)

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