Caprice – Nunca sabrás quién fui

7 abril, 2020Salvador_Navarro

Quedaron en el Caprice una hora más tarde. Era el turno de Conchita, que comenzó a prepararle el Martini nada más verla entrar.

-Está en el baño -le dijo, bajito.

Se apoyó en la esquina del fondo, como refugio para evitar la charla que otras veces agradecía de la camarera, confidente a fin de cuentas de Germán. Ansiaba hablar con él.

-¿Cómo está mi españolita preferida?

Patricia, con la espalda bien recta sobre el taburete, callada, comenzó a llorar. En el local apenas se oía el concierto número 2 para piano de Rachmaninof. Germán, de traje oscuro, zapatos de charol y semblante adusto, la contempló embelesado, aturdido por la emoción, no queriendo romper la belleza del doloroso momento. Debía llegar, debía ser así. Hizo un gesto a Conchita para que no se acercase, mientras aproximaba su mano a la de Patricia, contenida en su llanto, entregada en sus ojos fijos hacia él.

-No puedo más.

Imperturbable señor de mirada serena, Germán le secó las lágrimas con su pañuelo blanco, estremecido por la situación.

-Me ha suplicado irme a vivir con ella, y le he dicho que no.

Germán pidió lo de siempre desde lejos. Patricia aprovechó para ir al baño, atravesando la sala majestuosa donde tantas noches, con el alcohol por las nubes, se sintió indisimulablemente feliz de haber elegido la vida que tenía. Se reorganizó el pelo como a él le gustaba y suspiró por que Germán supiera encontrar la salida.

Cuando Patricia volvió, Germán ya estaba sentado en la mesa de siempre, con sus largas piernas cruzadas. Ella decidió no hablar.

—¿Puedo hacerte una pregunta, Patri?

Rachmaninov seguía en el aire. Él distinguía de memoria cada nota, sabía que le quedaban pocos segundos, apenas veinte, para que entraran las violas, no más de treinta para que comenzara a sonar la percusión. Era ese momento o nunca.

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