Abrigo – Nunca sabrás quién fui

2 junio, 2020Salvador_Navarro

No quise esperar a cruzarme con el hombre de los nudillos tatuados. El vino me invitaba a confiarle mis dudas, quería advertirle de los chantajes relatados por Dan, poner en pie su indignación, hacerle dudar acerca de las verdaderas intenciones de Rufo. No las tenía, desgraciadamente, todas conmigo. El alcohol no ayudaba, las imágenes se cruzaban, la memoria se hacía revoltosa para colocarme las frases en cada sitio mientras contemplaba a Patricia deslavazando sus felices años de juventud en Nueva York.

⎯Si te tomas un café por aquí cerca, podrás saludar a mi socio.

⎯Debo irme, Patricia. Tengo la casa abandonada, un puñado de artículos a medio terminar, un par de lavadoras por poner… ⎯me levanté, tras pagar.

⎯Cuida de mi hermano.

⎯No lo dudes ⎯dejé algo de propina, le di dos besos. Seguía oliendo igual de bien, noté sus lágrimas secas y algo de rímel corrido.

⎯Quiero que sepas que él me lo cuenta todo. ⎯Su frase me dejó frío⎯. No sé muy bien qué haces aquí, ni cómo llegaste hasta él, pero si siento que en algún momento puedes hacerle daño…

⎯No tengo intención, Patri ⎯la llamé así por vez primera, impactado por sus frases directas insospechadas un rato antes.

⎯Si hay alguien a quien busques… lo vas a encontrar en mí.

⎯No sé de qué me hablas.

⎯Yo no sé si sabes de qué te hablo, Alejandro, pero voy a defenderme de quien quiera atacarme… ¡como una leona!

Se levantó y volvió a besarme. Me retuvo para decirme algo, con sus manos agarrando fuerte mis brazos. No sabía si me iba a hablar del desayuno con sus padres, de mi paseo con Eleanor, de mi sexo con Lola o de las charlas con Germán en la Hispanic Society.

⎯No olvides tu abrigo, querido.

 

(Pintura de Duma)

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