Abraham Lacalle – Nunca sabrás quién fui

27 junio, 2020Salvador_Navarro

Dormí con las cervezas llevándome a puertos más seguros. Martin había abierto la puerta sin reproches, en sus gestos no se reflejaban miedos, lo tenía más cerca para ahondar en las claves de una familia que actuaba como catalizadora de mis ansias de escribir. Acepté, gracias a sus mañanas libres, un desayuno en su casa al día siguiente.

Me presenté con una bandeja de croissants, un dossier impreso con mis artículos y una edición en tapas de cartón de ‘Poeta en Nueva York’.

⎯Querría tu dedicatoria.

Como supe intuir, enrojeció.

⎯Pero ¡cómo voy a firmar un libro de Lorca!

⎯Es parte de tu vida, ¿no?

Él sonrió. Tomando la bandeja y mis papeles, me acompañó al salón del gran apartamento del Porvenir, con una decoración no propia de una mujer de setenta años.

⎯Aurora siempre fue una mujer adelantada a su tiempo. No permite cuadros de santos, fotos de familia ni jarrones chinos ⎯relataba, con un perfecto español, Martin⎯. Los cuadros son originales, los ha ido comprando durante años en la plaza del Museo, la que ponen los domingos, ¿has ido alguna vez?

⎯Sí que he ido, Martin. Esas mañanas soleadas de domingo frente al Museo son pura delicia.

⎯Este cuadro se lo regaló Patricia. Es un Abraham Lacalle.

⎯Colorista.

⎯Me parece soberbio. Ese tipo todavía está vivo. Ha ofrecido más de una exposición en la galería de mi hija.

⎯Me gusta que la llames hija.

Martin dejó de prestar atención al cuadro, del que pensé que me iba a explicar acerca de sus grandes círculos en forma de diana, para mirarme a los ojos.

⎯La llamo hija porque es mi hija.

⎯Cierto ⎯tuve que agachar la cabeza.

(pintura de Abraham Lacalle)

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