Vacío

25 marzo, 2020Salvador_Navarro

Si escribo hoy es para mí. No he integrado una reflexión suficientemente elaborada que aporte nada nuevo a todo lo que he leído o escuchado en estos días surrealistas que vivimos. Me dejo llevar por la pandemia como un niño pequeño que abriese las puertas a un mundo de monstruos y payasos que no le permite cerrar la boca, asustado, divertido. Escandalizado. El niño duda hasta del suelo que pisa en ese nuevo universo al que ha tenido acceso, a pesar de comprobar que no está solo. Toda persona a la que ama está a ese otro lado también, pero no hay certezas. Busca la mirada de los demás para que alguien le guiñe el ojo, descubrir en alguna rendija el decorado, un infiltrado que le tranquilice confirmándole que todo está bajo control.

Todo va a pasar, es el lema recurrente en los luminosos. Todos los neones señalan claramente la dirección de salida. Esto es pasajero. Pero la puerta de salida no es la misma por la que el niño entró. No le pueden engañar. Todo es calma alrededor. Hay comida, hay risas, hay cariño. Sólo de vez en cuando se atraviesan imágenes de terror. ‘Son desconocidos’.

¿Qué habrá tras esa puerta de salida? ¿Qué luz hará? ¿Cómo habremos digerido este espectáculo de feria? ¿Seremos más desconfiados o realmente mantendremos ese espíritu de risas? ¿Habrá un remolino de viento que nos engulla tras la calma? ¿Estará más despejado el horizonte?

Da miedo lo desconocido. Miro para atrás y ya no existe la puerta por la que entramos. Allí ya no hay nada. El juego es macabro y estamos dentro. Todo pasará, nos dicen. Vemos la puerta de salida. ¿Saldrá cara o cruz?

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