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Sonrisa

3 abril, 2018Salvador_Navarro

Tendríamos 18 años y hacíamos el indio en el coche de Francis. Eran las primeras salidas con los amigos, llevábamos todo el día callejeando por el centro y volvíamos al barrio. El tráfico era lento, algo se nos cayó por la ventanilla del coche y me bajé a recogerlo. Tenía la risa floja de los momentos felices. Me volví a mi posición de copiloto, giré la cabeza hacia el coche de al lado y una mujer mayor, que tendría mi edad actual, me sonrió.

No sé cuántas veces ha venido a mi memoria ese instante mágico y tonto. Una desconocida, una señora madura, a sus cosas, en el coche, me sonreía.

Como una comunicación especial con el universo, esos momentos en que dejas de ser transparente para aquéllos que no son de los tuyos, esas simplezas de sentirte de pronto ciudadano del mundo son de una inocencia infinita que no quiero perder nunca.

Tal vez no tuviera 18 años, ni esa señora fuera mayor, ni el coche fuera el de Francis, ni se nos cayera nada a la carretera… Sólo sé que me giré y me sonrió.

Estar en tu universo, girar la cabeza a un lado y recibir una sonrisa franca, de lleno, hacia ti y porque sí.

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