Martinis

11 noviembre, 2010Salvador_Navarro

Me gusta la gente que no se avergüenza de su felicidad.

A gran parte de la humanidad le parece de mal gusto oír a los demás decir qué bien se sienten con su cuerpo, la familia, su trabajo o lo muy enamorado que uno esté.

Es como si proclamar la comunión con la naturaleza y el disfrute de los sentidos fuese pecado, especialmente en esta sociedad tan teñida del catolicismo de los remordimientos en que nos ha tocado vivir.

El mundo está muy jodido, sí; hay mucha gente en paro, claro; las catástrofes naturales, las enfermedades terminales, el dolor, las ruinas económicas, los complejos físicos y mentales, el desasosiego de quien está solo. ¡Claro que hay múltiples argumentos para estar cabreado!

Pero eso no nos debe quitar el derecho a disfrutar de una cerveza en buena compañía, o de una mañana de museos un domingo soleado, o de una película de Woody Allen.

Y decirlo. ¡Me siento feliz!

El mundo actual ganaría mucho si hubiera menos resentimientos y más capacidad para transmitir nuestras propias alegrías, sin complejos.

Mi amiga Nuria, de quien cada vez me siento más cercano, lo resumía el otro día, tomándonos unas cañas, con sus ojillos vivarachos:

‘Estuve en Madrid con mi marido, nos fuimos a un restaurante a la última que nos habían recomendado y nos sentamos felices a disfrutar del local. Vino el camarero, nos miramos y nos dijimos:

Dos Martinis’.

 

[button link=»http://salvador-navarro.blogspot.com.es/2010/11/dos-martinis.html» type=»icon» icon=»paper» newwindow=»yes»] Blog[/button]

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Prev Post Next Post