Egoísta

22 julio, 2020Salvador_Navarro
Es desagradable tener que decirle a una persona querida que te falta al respeto por una cuestión aparentemente nimia, como es no llegar a la hora acordada a una cita.
Cualquier despiste es perfectamente perdonable siempre que sea ocasional, el problema es cuando esa circunstancia se transforma en norma.
Aparecer tarde por costumbre es intrínsecamente egoísta, denota falta de consideración hacia quien espera y es éticamente reprobable.
Sé que vivimos en un mundo de prisas y parece que la impuntualidad no sea sino una inevitable enfermedad más de nuestro tiempo, asociada a la impaciencia.
La coquetería o el despiste para justificar no cumplir con el pacto que supone verse en un determinado lugar a una hora es una prueba de egocentrismo infantil que descalifica a la persona que lo ejerce.
No valen frases desgastadas tipo ‘soy así’ o ‘siempre llego tarde’. Hay que saber ponerse en la piel de cualquier persona a la que valores; lo que nos hace deducir que si a esa persona con la que te has citado la dejas esperando indefinidamente a que a ti te dé la gana de aparecer estás demostrando poco afecto por ella.
Todo nos lleva a la educación, tan poco tenida en cuenta en estos tiempos de crisis. Educación para saber que tan válido como uno mismo es el vecino, el amigo o un desconocido, algo que parece de primero de básica.
La impuntualidad como práctica desacredita, sin tapujos, a quien la ejerce.
Pensar en el otro como si fueras tú, ésa es una buena práctica: la coquetería del despiste es un disfraz de aquél que no valora al prójimo.
La bondad no son golpes de pecho, sino rutinas sencillas.
Tú quieres verme, dime dónde y a qué hora, que allí estaré sin falta.
(Pintura de Mónica Castanys)

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