Comer

7 enero, 2021Salvador_Navarro

Yo no voy a los restaurantes a comer.

Tenemos una nevera hermosa en casa, la suerte de muchos amigos dispuestos a acompañarnos y nos salen platos riquísimos.

El otro día Fran me insistía en ir a una taberna de diseño muy de moda en Sevilla. Decoración impecable, comida rica, precios moderados.

—Pues no me gusta —insistí.

Un rato después, mientras paseábamos por San Lorenzo, encontré la explicación.

—Cuando salgo a comer a la calle, busco emoción.

Lo dice quien tiene el privilegio de estar todo el día de paseo. Nuestra situación económica es sana, no tenemos hijos y sí mucha vida social. Por eso no tengo necesidad de visitar locales donde los camareros piensen que tú vas allí a saciar el hambre.

Yo acudo a sentirme bien, a que, cuando lo sepan, me llamen por mi nombre, a agradecer el trato, a preguntarles cómo les va. Yo busco un espacio donde prolongar la sala de estar de mi casa. Para mi suerte, ¡existen muchos sitios así!

La principal labor de un camarero, a mi entender, no es saber mantener el equilibrio de su bandeja cargada de cañas, sino la empatía. En estos tiempos en que la mayoría de los comercios temen por su supervivencia debido a la competencia del mercado online, un buen camarero acabará siendo una pieza cotizadísima. Un hostelero que sepa orientar su negocio sabe que un profesional apañado trae muchos más clientes que una buena merluza.

Cuando valoras a un camarero por lo intangible del saber estar le estás dando su sitio y potencias su motivación.

Sí, tienen que aguantar a muchos clientes pejiqueras, pero todos tenemos nuestra cuota de salario dedicada a soportar a impresentables que no estarían en nuestras vidas de poder elegir.

Este mundo de teletrabajos y repartidores de Amazon necesita establecer espacios de comunidad donde podamos compartir los mejores momentos de nuestras vidas.

Un plato tiene que ser exquisito para que me acuerde de él y me haga volver de nuevo. Un camarero afable es seguro que me provocará el repetir y hacer publicidad, de la buena, al negocio. La que nace de la emoción.

Yo pido una sonrisa, porque la doy.

(Pintura de Nick Botting)

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