El cuento de la criada – Margaret Atwood

21 mayo, 2020Salvador_Navarro
Me lo regalaron hace tiempo por mi cumpleaños y aguardaba en lo alto de la pila de libros seductores a los que me asomo a diario. No quise saber más ni leer la sinopsis y ha sido una experiencia extraña. Una novela rara. Triste como buena distopía, desgarradora a veces, demasiado áspera otras, es ésta la historia de una mujer en su propia pesadilla, la de sobrevivir como simple elemento reproductivo para una sociedad alienada en el más puro fascismo, donde la mujer queda relegada a lo que la calidad de su útero le pueda proporcionar. Más duro aún cuando ella ha conocido un mundo anterior en el que fue una persona libre. Una narrativa de fuerte componente ético muy apropiada para ser leída por aquéllas que reniegan de los derechos de su propio género, que ignoran la violencia machista, que subordinan el sentido de la vida del universo femenino a su función procreadora. Esa pesadilla es posible si la sociedad, y las mujeres que la componen, sigue votando en masa a partidos fascistas.
 
«Los jóvenes suelen ser los más peligrosos, los más fanáticos y los que más se alteran cuando tienen un arma en la mano. Aún no han aprendido a existir en el tiempo»
 
«Cuando evocamos el pasado, escogemos las cosas bonitas. Nos gusta creer que todo era así»
 
«…el perdón es un signo de poder. Implorarlo es un signo de poder, y negarlo o concederlo es un signo de poder, tal vez el más grande»
 
«Él debe desear algo de mí. Desear es tener alguna debilidad. Es ésta, cualquiera que sea, lo que me atrae. Es como una pequeña grieta en una pared impenetrable. Si aplico el ojo a ella, a esta debilidad suya, tal vez sea capaz de ver claramente cómo debo actuar»
 
«Cae la noche. O ha caído. ¿Por qué la noche cae, en lugar de levantarse, como el amanecer?»
 
«La gente es capaz de cualquier cosa con tal de no admitir que sus vidas carecen de sentido»
 
«Quiero ver todo los posible de él, abarcarlo, memorizarlo, guardarlo en mi mente para después vivir de su imagen: las líneas de su cuerpo, la textura de su piel, el brillo del sudor sobre su piel, su rostro largo, sardónico y poco revelador. Debería haber hecho lo mismo con Luke, prestar más atención a los detalles, a los lunares y las cicatrices, a las arrugas; no lo hice, y ahora su imagen empieza a desvanecerse. Se esfuma día tras día, noche tras noche, y yo me vuelvo más infiel»
 
«El pasado es una gran tinieblas llena de resonancias. Desde ella nos llegan algunas voces; pero lo que nos dicen está imbuido de la oscuridad de la matriz de la cual salen. Y, por mucho que lo intentemos, no siempre logramos descifrarlas e iluminarlas con la luz, más clara, de nuestro propio tiempo»

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