Mi principal fuente, sin duda, de experiencia literaria. Desde aquellos primeras novelas familiares de Delibes en el Bachillerato hasta lo último de Roncagliolo, nuestra lengua está en el origen de una cantidad ingente de obras de ficción inigualables.
Podría haberlo organizado de múltiples maneras, pero creo que una buena sería separar mis lecturas por el país de procedencia del autor.
Si el país no aparece, no es por falta de cariño, sino por incultura sobre sus autores, bien por no haberlos leído o por aún no conocerlos |