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La leí el año 2010 |
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Buscando encontrar un libro de viajes, me encontré con un libro que contenía mucho más. No se le puede calificar como biografía novelada porque adquiere más bien rasgos periodísticos esta narración de la vida del jesuita Pedro Páez, madrileño del siglo XVII que fue el primer blanco en llegar a las fuentes del Nilo Azul.
Políglota, culto y seductor, se hizo mano derecha del emperador de Etiopía, tras sufrir inmensas penalidades para llegar a esa posición de privilegio que le permitió, incluso, escribir una historia sobre ese anciano reino.
El libro es entretenido, con viajes ilustrados con mapas que definen el recorrido vital de este religioso humanista.
Escenas emotivas en su viaje por las orillas del lago Tana.
 
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CITAS
Los griegos clásicos decían que algunos lugares eran sagrados en sí mismos, sitios donde se abría un especie de pasillo invisible que comunicaba con la divinidad y el mundo de lo eterno. Eran esos lugares, llamados témenos, los que escogían para alzar sus templos. Yo tengo una suerte de sentido laico del témenos: hay sitios donde algo sucedió que parecen conservar una intangible humanidad, una presencia prendida en el aire, un oculto aliento del pasado que yo siento que no se ha desvanecido. Por eso me gusta ir a los lugares donde tiempo atrás sucedió algo que me ha emocionado, o al espacio físico que han retratado los escritores que admiro o a los parajes donde la historia se escribió. Por eso he navegado el río Congo de Joseph Conrad, he bebido en las tabernas de Ernest Hemingway, comido en el restaurante de la Costa Azul donde almorzaba Graham Greene, pateado los campos de Don Quijote, dormido en el ''hotel de la Jungla'' de Cuernavaca donde se alojó Malcolm Lowry, paseado la Venecia de Thomas Mann, respirado los aires del campo de batalla de Maratón y pisado los yermos páramos donde se libró la batalla de Guadalajara al comienzo de la guerra civil española. Desde luego que los historiadores, poetas y novelistas no tienen necesidad de hacer ese tipo de cosas para escribir buenos libros. Se pueden hacer grandes obras sin salir de casa, usando del talento, de la imaginación y de los archivos. Pero los que no han catado esa suerte de témenos de que hablo, no saben las hondas emociones que se pierden.
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