Murakami

Underground – Haruki Murakami

Posted by on Ene 1, 2015 in Entradas, Experiencias, Japón, Mis lecturas, Murakami | 0 comments

Underground – Haruki Murakami

              Entrar en Underground implica querer involucrarse en un libro alejado de los estándares que rápidamente impone su estructura. Hay que asumir esas reglas y no tener prisas. Dormir cada noche con una de las decenas de entrevistas, o testimonios personales novelados, de otras tantas víctimas del atentado con gas sarín que sufrió el metro de Tokio en los años 90. Un atentado que provocó enorme alarma social en el país nipón, entre otras cosas porque la autoría del mismo se atribuyó desde el primer momento a una secta extremista de raíces budistas, implantada y bien extendida por el territorio japonés, llamada Aum. La sociedad se enfrentaba a un cáncer surgido entre los suyos, en un país civilizado, emprendedor y de alto bienestar social que presume, con razón, de pacífico y bien formado.               Cada capítulo viene precedido de una presentación previa, a los ojos de Murakami, de cada una de esas víctimas. Casi todos hombres, lo que dice mucho de una sociedad de la que acabas haciéndote una cierta idea a través de tantos testimonios: machista, adicta al trabajo, asustadiza, insolidaria… Underground es un relato sobre el ser humano sin pretensión de ser estadístico, en el que no sólo se tiene por qué ver reflejado el tokiota que toma cada día el metro para soportar más de una hora entre empujones para llegar a su oficina. Quien recibe el golpe, duerme a pierna suelta. Quien golpea, duerme encogido A este tramo de entrevistas, salteado con ciertas explicaciones del autor acerca de los detalles del atentado, le sigue una segunda parte reflexiva: el propio Murakami despliega con una prosa compleja sus razonamientos metafísicos acerca del aprendizaje que para él supuso enfrentarse a esta tarea de reconstrucción de un único relato a partir de múltiples historias paralelas, a veces contradictorias. Es a esta parte del libro a la que querré volver en algún tiempo cuando haya terminado de digerir la avalancha de información. Como dicen ellos, a Buda no le gustan las lágrimas Y el tercio final es subyugante. Es aquí donde Murakami arriesga (en la primera edición no estaba incluida esta pieza, el Post-Underground) acercándose a miembros de la secta Aum, no partícipes en el atentado, para entender el porqué de su acercamiento a esta comunidad, que tiene estructura de estado, con ministerios, ejército y jerarquías, qué es lo que les desconsuela de su realidad exterior en el Japón de finales del siglo XX para embarcarse en una vida entregada a una causa y un líder, Shoko Asahara, malditos entre sus conciudadanos. Ahí nos encontramos con seres interesantes, hijos de familias de clase media, extraordinariamente sensibles, que comparten su desasosiego, en entrevistas agresivamente preparadas, con Murakami. No justifican el atentado en ningún caso, pero sí muestran las razones para haber escapado de esa sociedad tan ávida de progreso hacia lugares insospechados. Si las cosas han sucedido realmente así, mi pregunta es: ¿por dónde hemos empezado a abotonar mal la camisa?...

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