Modroño

Secretos del Arenal – Félix G. Modroño

Posted by on Jul 14, 2015 in Entradas, España, Experiencias, Mis lecturas, Modroño | 0 comments

Secretos del Arenal – Félix G. Modroño

Secretos del Arenal es una novela de idas y venidas entre dos tiempos y dos ciudades. Entre dos mujeres. De los paisajes verdes del Cantábrico y la lluvia bilbaína a retratos en sepia de una Sevilla de militares y mensajes de amor en las ventanas. Es ésta una historia en la que encontramos a un Félix G. Modroño especialmente reflexivo, cediendo su pluma de escritor a una joven que no sabe desembarazarse de la terrible presencia de su hermana asesinada, corroída por la falta de explicaciones y la sinrazón que supone no ponerle cara al macabro autor de un crimen con ensañamiento. Despista durante gran parte de la novela esos viajes en el tiempo a una Sevilla de décadas atrás, aunque el contraste resulta tan radical que te dejas llevar por una historia de amor inocente a sabiendas de que todo debe retorcerse hasta conectar con el Bilbao en colores de los días actuales. Cambia el tono, los ritmos y el lenguaje en esa exploración del Sur que aún no conocía en Félix G. Modroño, siempre ávido del Norte. Si algo he apreciado especialmente de esta historia ha sido el inicio reflexivo de cada uno de sus capítulos, regalos inesperados que profundizan en lo más intrincado del alma. ‘Hay momentos efímeros con vocación de eternidad que bien valen una vida’   ‘No ser creyente te limita muchas ilusiones, entre ellas la de pensar que tus seres queridos, una vez que han muerto, se encuentren allá arriba. Sin embargo, una confía en una especie de deidad atea, lo cual no deja de constituir una más de las incongruencias con las que vivimos cada día, formada por las almas de todos los que se fueron, y que no solo habitan en ese cielo virtual, sino que perviven en quienes les amamos a través de la esencia que nos dejaron’   ‘Cuando la vida se convierte en una mera sucesión de días, sin más meta que la muerte, empleamos el tiempo en no meditar. Consumimos infinidad de horas de televisión, nos interesan más las actitudes ajenas que las nuestras y nos dejamos contagiar por el entorno. Hay quienes planifican su ocio en torno a una afición en la que solo participan como espectadores, e incluso hacen propia la victoria de su equipo deportivo tras haber bajado los brazos, derrotados en sus batallas individuales sin ni siquiera pelearlas’...

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