Escribir

Pablo

Posted by on Oct 31, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí, Personajes | 0 comments

Pablo

A Pablo lo salvaron su hermana Elena y su amor propio. Ella fue el asidero donde agarrarse cuando su padre le dio a elegir entre un hogar o su sexualidad, de forma que huyendo de Huelva lo hacía de la prisión familiar y los complejos, para confirmar lo que ya presentía en sus lecturas de autores clásicos arrumbado entre cojines en el cuarto de los trasteros: que el mundo era inmensamente grande como para que no tuviese un sitio para él. Nunca supo si haberse dejado seducir para encontrar un empleo fijo en las oficinas centrales de la Unesco en París fue un retroceso en su lucha personal por hacerse un hombre libre, ni si compartir un amor era sano para quien reivindicaba vidas normales; resultaba difícil para Pablo saber hasta qué punto los caminos tenían vuelta atrás cuando se renunciaba a principios insoslayables con la mejor voluntad. Los besos a escondidas, los fines de semana en una casa de madera en Picardía, las cenas con grupo de música y un sexo brutal eran ingredientes más que potentes para olvidar el peligro de encontrarse un futuro muy lejano de aquel que soñaba entre cojines en su casa de Huelva, cuando cerraba por momentos sus novelas para vivir su felicidad...

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Virginia

Posted by on Oct 24, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí, Personajes | 0 comments

Virginia

Virginia es sevillana, pero su primer apellido, Leicester, denota origen británico, infancia repleta de visitas extrañas, dominio de las lenguas y un físico delicado para el sol. Educada para ser independiente, tanto por tradición familiar como por su habilidad para despuntar en clase, su mejor modelo no estuvo entre sus profesores ni tan siquiera en su padre, locuaz, culto y excéntrico, sino en su hermana Aurora, su eterno referente femenino a falta de una madre con carácter, una mujer cansada, siempre oculta bajo la sombra de sus frustraciones. A Virginia le gustaba el fútbol, maquillarse como una señora y devorar las novelas, en inglés, de Louisa May Alcott, de ahí que cuando se cruzó con Leo en la Escuela de Arquitectura, todos sus sueños de niña rebelde y romántica, maleada por la sexualidad a prueba de bomba de su hermana, se vieron proyectados hacia él, con él, inseparable desde entonces. La inocencia de Leo la subyugó tanto como daño le hizo su rotunda negativa a continuar con un embarazo imprevisto, que a fin y a la postre supuso el final de una aventura a la que consiguió jugar de lleno mientras los dos se hacían con el título universitario. Para Virginia el futuro se tenía que marcar bien lejos de Sevilla, para lo cual utilizó todas las armas que su familia poseía y hasta entonces no había sabido o querido ver. París le esperaba con su príncipe, Víctor, almacenando el ajuar de oropeles, fastos y vida repleta de poder, diversión, belleza, confundiéndola en su camino por encontrar su potencialidad como mujer hecha a sí misma. Había, sin embargo, reflejos rotos en los que Virginia no se quería ver, certidumbres que confirmaban que no todo en Víctor era puro, que ella misma necesitaba otros brazos a pesar de su adoración por él. En la cúspide de sus impecables cuarenta, una llamada desde el hotel Lutèce le sorprendió con el suicidio de Víctor. El destrozo la llevó a Sevilla, a buscar complicidades en Leo, ya casado y padre, pero de idéntica mirada, para redimir sus...

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Storyboard – Huyendo de mí

Posted by on Oct 24, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí | 0 comments

Storyboard – Huyendo de mí

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Título

Posted by on Oct 22, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí | 0 comments

Título

Hace años comencé a escribir mi última historia de ficción, hace pocos semanas la publiqué. Quise ir con calma, hacerlo todo bien para llegar a redondear una obra honesta, emotiva y divertida, fácil de leer pero compleja, actual aún tratando conflictos humanos que pudiesen ser entendidos en cualquier época y lugar. Imaginé hasta dónde podía llegar el amor, el real entre amantes ya disfrutado durante años, sincero pero barnizado por innumerables actores externos que lo pulen, lo retuercen, dimensionándolo con otras formas distintas a las originales. Quería analizar, a partir de una pareja inventada, cómo actuaría uno de ellos cuando la otra persona le abriera de par en par las puertas a otros amores de juventud. Creada la trama mis personajes se rebelaron, ningún humano -me decían con sus reacciones- es capaz de tanta generosidad, nadie ama tanto como para entregar a otra persona el objeto de su deseo por buscarle la felicidad total, aún sintiendo que no tenga la energía suficiente para mantener encendida con la misma potencia la llama de su relación. Surgieron dudas en aquella persona que ofrecía, surgieron dudas en aquél a quien le presentaban otros caminos y, como siempre ocurre, se cruzaron otros motivos, circunstancias imprevistas, informaciones que uno no conoce del otro hasta que no lo pone a prueba. El antiguo amor de juventud ya no era el mismo ser humano, ni podía hacerse cómplice de una estrategia sin conocerla. A quien diseñó la estrategia se le escapó que la vida siempre puede ofrecer sorpresas más grandes de las intuidas y una muerte amiga vino a sacudir todos los resortes inimaginados cuando se veía sólo la propia realidad de una táctica construida, a pesar de las buenas intenciones, de manera artificial. Creemos en el control de nuestros actos, pero la bola del mundo rueda mucho más firme y mis personajes, aturdidos, se dejaban guiar por el temor a haber perdido una estabilidad que nunca deja de ser una quimera. El círculo no podía cerrarse, porque las historias humanas no son circulares ni tienen sentido completo en sí. Alguien abre la puerta por amor y no sabe hasta qué punto uno es pequeño cuando pierde las coordenadas del ser amado. Y el ser amado, empujado a ponerse a prueba sin saberlo, soltado de los hilos que le unen a su relación afectiva de siempre, comienza a huir hacia adelante queriendo encontrar el camino de vuelta hacia un tiempo anterior del que no sabe cómo ha salido. Dos seres humanos, repletos de buenas intenciones, se perdían en dos dinámicas perversas confundidos por el creer conocer al otro. La historia estaba escrita. Tocaba el momento de colocarle un título y registrarla. Llegó ese día y el título no podía ser otro, tanto para la que organiza la estrategia como para el que participa en ella sin saberlo: Huyendo de...

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Leo

Posted by on Oct 22, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí, Personajes | 0 comments

Leo

Leo se tapa con la toalla su cicatriz siempre que se baña con su hija Lola, con la que le gusta bailar dando botes cuando cocina al mediodía mientras ella le prepara con devoción un vermú con una aceituna que siempre acaba robándole. Le gusta sentarse en el hueco que deja su niña ya dormida y, hay veces, en que la confunde con su prima Amelia, junto a la que durmió durante toda la infancia que puede recordar tras ser adoptado por su tío una aciaga noche de verano en que un tractor sin luces en medio de una carretera se llevó para siempre a sus padres y la salud de su hermano Tomás. Sí, ese accidente se repetía desde siempre en pesadillas en las que siempre terminaba abrazado, sudando, por los brazos de Carmela. Veía dormir a Lola y echaba la vista atrás, a los tiempos del gran columpio rojo del campo de su tío Gerardo y esa visión lejana de Sevilla en los amaneceres fríos de invierno. Su aspecto aliñado, una expresión ligada a la sonrisa y la curiosidad por vivir le llevaron a una juventud feliz, atrapado entre mujeres que lo llevaron entre algodones hacia una madurez imprevista al lado de Carmela. Sólo Carmela sabía que tras ese arquitecto triunfador, bailongo y sensible se encontraba un niño aún sin enterrar asustado cada noche por no querer volver a sentir la enorme suerte de haber salido despedido de un coche que se trituró una noche de...

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Carmela

Posted by on Oct 20, 2015 in Entradas, Escribir, Huyendo de mí, Personajes | 0 comments

Carmela

Delante del espejo Carmela se decía cada noche, con las pupilas empequeñecidas y la luz de las velas, que lo único que le quedaba de juventud eran sus pitillos de cada noche en el sofá. No se martirizaba por haber perdido el deseo sexual a base de reprimirlo, porque había aprendido a ser feliz con la risa tonta de Leo, los vermús a la salida del trabajo y las cosquillas de Lola; ni se relamía con haberse ganado una vida al lado del hombre que la volvió loca. Sus relamidos eran menos épicos y tenían como centro su estabilidad emocional, alejada del vértigo de existencias que se refugiaban en casas de acogida huyendo de palizas premeditadas. A Carmela lo único que conseguía estremecerla es haber sabido encontrar el paraíso en nimiedades que nunca podría explicar a ese hombre de sus sueños que le bailaba cada mediodía preparando la...

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