Compré esta novela, así lo delata el sello de la librería, en Santiago de Compostela, en esos paseos que a mí me gusta regalarme por los rincones de las ciudades que me son extraños.
Compré a Tom Sharpe seguramente porque me sonaría su nombre, porque confieso que cuando tomé esta novela entre mis manos lo hice por la bendita rutina de bucear en mi estantería de libros por descubrir.
Lo que en la portada parecen ser condones, son efectivamente condones.
Esta novela, divertida, es un retrato agudo de la sociedad británica de la segunda mitad del siglo XX, centrando Sharpe la mirada en un terreno que conoce bien, porque fue estudiante y profesor: la universidad de Cambridge.
Critica con acidez, a veces con cariño, la eterna lucha humana entre la tradición y el progresismo, decantándose claramente por este último.
Porterhouse es el colegio más conservador de Cambridge, y el más desastre. Las pruebas de acceso consiste en hacer, bajo cuerda, una donación a la universidad.
La mayor parte del presupuesto se va en grandes comilonas para el profesorado.
Hasta que llega un nuevo 'master'.
El lema de los tradicionalistas: 'De nada vale la erudición, hay que preparar a los jóvenes para enfrentarse a la vida tal como es: Dura'

