En dos tardes de verano acabé con esta novela que, siendo magnífica, de fácil lectura y escenas memorables, no termina a mi entender de ser redonda.
Todo transcurre en una noche, en los bajos fondos de Tokyo, una ciudad que siempre me maravilló.
Una chica adolescente con complejos, un miembro de un grupo de rock, la conserje de un prostíbulo, un ejecutivo violentísimo y una puta china. Ésa es la mezcla.
Con diálogos finales exquisitos, la novela pierde un poco el paso con una descripción surrealista de la hermana de la adolescente durmiendo un sueño eterno, entre un lado y otro de la pantalla del televisor.
Las historias quedan inconclusas, lo cuál no tiene por qué ser un defecto.
Me gustó, en suma.

